sábado, 24 de enero de 2015

¿Puede un taller intensivo de 2 días sobre “coaching skills” ayudarnos a desarrollar inteligencia emocional?



En la actualidad hay un considerable cuerpo de investigación que sugiere que la inteligencia emocional (IE), proporciona la base de las competencias sociales y emocionales que son importantes para el éxito en casi cualquier trabajo. Como forma de inteligencia social que incluye la capacidad para ser consciente de los sentimientos y emociones propias y de los demás, de discriminar entre ellas y de utilizar esta información para guiar el pensamiento y la acción propia, sus componentes son conocidos como las cuatro ramas de la IE (según el modelo de Mayer y Salovey, 1997): percepción de las emociones, uso de las emociones para facilitar el pensamiento (facilitación emocional), comprensión de las emociones y gestión de las emociones.
            
            Sin embargo, a pesar de reconocer la importancia de estos componentes en diferentes ámbitos de la vida, y la posibilidad de poder desarrollarlos mediante programas de formación y desarrollo, aún no conocemos con seguridad cual es la mejor manera de hacerlo.

            Mayer y Salovey  (2002), consideran por ejemplo, que la formación en habilidades emocionales, debería centrarse en incrementar la autoconciencia, ampliando el repertorio de las personas en cuanto a estrategias de afrontamiento y ayudando a la gente a aprender de la experiencia, más que practicar sobre un conjunto restringido de habilidades una y otra vez. Por otro lado, Estudios del campo del desarrollo de competencias directivas, como por ejemplo el “Consortium for Research on Emotional Intelligence in Organizations”, formado por expertos del mundo académico, la empresa y la administración como Richard Boyatzis, Lyle Spencer o Daniel Goleman, tras analizar los mejores programas de organizaciones y escuelas de negocios para el desarrollo del liderazgo, concluyen que para conseguir el éxito en el desarrollo de competencias socioemocionales hay que:

(1) Centrarse en las competencias que han demostrado ser críticas para el éxito en el puesto, 
(2) Evaluar las competencias de la persona a través de una visión externa y objetiva como la evaluación de 360º,
(3) Identificar las fortalezas personales que servirán de cimientos en el proceso de desarrollo, además de las oportunidades de mejora,
(4) Tener en cuenta que los adultos solo aprendemos cuando tenemos una motivación para ello (alcanzar nuestros objetivos personales),
(5) Facilitar que el desarrollo sea autodirigido,
(6) Centrarse en objetivos de desarrollo realistas,
(7) Definir un plan de actuación claro,
(8) Asumir que mejorar competencias requiere tiempo (no se pueden conseguir cambios sostenibles antes de 6 meses,
(9) Proporcionar apoyo externo que refuerce o incentive la práctica sostenida de los nuevos comportamientos y
(10) Medir los cambios en las competencias y desempeño utilizando métodos

Como se puede ver, el proceso de mejora no es sencillo, requiere realizar tareas y esforzarse de una manera planificada durante algún tiempo. Por eso las soluciones mágicas no existen. Los talleres que prometen mejoras espectaculares en poco tiempo no sirven. Para desarrollar competencias hace falta tiempo y esfuerzo planificada. Algunos expertos hablan de años.

La investigación realizada sobre el entrenamiento de habilidades de coaching, apoya lo que estamos diciendo. Uno de los estudios que aportan pistas muy valiosas para diseñar talleres con mayores posibilidades de que funcionen, es el realizado por Anthony Grant (2007), director de la Unidad de coaching psicológico de la Universidad de Sidney. En su trabajo titulado “Enhancing coaching skills and emocional intelligence through training”, comparó la eficacia de dos tipos de talleres, en el desarrollo de la inteligencia emocional: uno intensivo de 2 días frente a uno de 13 semanas, ambos del mismo numero de horas en total. Los resultados mostraron que el de 2 días no consiguió ninguna mejora en la inteligencia emocional, mientras que el de 13 semanas sí.

El propio autor, acaba recomendando, que si queremos programar talleres eficaces para desarrollar la inteligencia emocional, hemos de utilizar el aprendizaje espaciado en el tiempo durante varias semanas. Nada nuevo si revisamos lo que desde hace ya bastantes años, nos ha dicho la psicología de aprendizaje sobre las ventajas de la practica distribuida (sesiones espaciadas en el tiempo), frente a la práctica masiva (cursos intensivos en poco espacio de tiempo). Nos tenemos que olvidar por tanto de todo lo que suene a taller intensivo de fin se semana. Esto, solo nos hará perder el dinero y un valioso tiempo en el que podremos estar haciendo cualquier otra cosa más interesante, útil y placentera que escuchar a un orador durante 8 horas seguidas.

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