De los análisis
efectuados sobre el perfil del coach eficaz, se derivan algunos datos interesantes
en relación a esta cuestión.
Al margen de que se
haya establecido que aspectos como la edad
(promedio de 49 años), experiencia
(al menos 10 años en coaching o 24 en el mundo de los negocios) la familiaridad
del coach con la cultura de la organización o el carácter externo del
coach determinan el éxito del coaching ejecutivo.
Sin embargo, es la posesión o no de determinadas competencias
técnicas y profesionales, lo que puede marcar la diferencia entre un buen
coach y un mal coach.
Gajardo (2007), diferencia entre competencias
instrumentales y sus competencias personales.
Dentro de las primeras,
se encuentran las habilidades de comunicación y las de diagnóstico. La
Habilidad del coach para desarrollar relaciones, y para llevar a
cabo el proceso de coaching:
capacidad de escucha, habilidad para preguntar y dar feedback adecuado, son
aspectos clave para garantizar el éxito en una intervención de este tipo (Hill,
2010; Paige, 2002; Wasylyshyn, 2003).
Dentro de las segundas, se incluyen el entrenamiento
en psicología y la maduración
socio-emocional.
En la adquisición de
estos dos tipos de competencias, sobre todo las segundas, que garantizan el
éxito el coaching ejecutivo, los psicólogos llevan ventaja sobre profesionales
procedentes de otras disciplinas académicas y profesionales. Su comprensión
profunda de las ciencias psicológicas, de los procesos como motivación,
aprendizaje y emociones o su habilidad y expertise en el uso de herramientas de
evaluación, como recogen Kombaracharam et
al., 2008, hace al psicólogo idóneo para el desempeño del rol de coach.
Y no son los únicos autores que lo dicen. Otros
investigadores como Dawdy, (2004) Garman, Whiston y Zlatoper, (2000) o
Wasylyshyn, (2003), han encontrado como factores percibidos de éxito de un
coach, su entrenamiento (titulación incluso señalan) en psicología, el
uso de métodos adlerianos de intervención y de métodos de evaluación como el
MBTI o 360º. Formación en un master en negocios o ciencias sociales o un
doctorado (Judge y Cowell,1997), completan la formación de base más relevante
entre los coaches.
¿Es por tanto suficiente una formación de 120 horas
para garantizar el conocimiento psicológico de base para entender los procesos
psicológicos que interviene en cualquier proceso de coaching?.
¿Sirve una formación de fin de semana proporcionado
por el licenciatario de un producto de evaluación determinado para garantizar la
compresión y aplicación de una prueba de evaluación que servirá de punto de
partida en un proceso de coaching?.
La respuesta a estas cuestiones no es facil. En
ella tienen que hablar tanto el cliente, como la organización, como el coach y
las organizaciones profesionales de referencia y como sabemos ponerse de
acuerdo cuando interviene diferentes actores puede ser un proceso largo y no
exento de debate. En este proceso, la evidencia proporcionada por los estudios
sobre eficacia del coaching pueden aportar mucha luz, si se los quiere tener en
cuenta.
