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domingo, 3 de marzo de 2013

¿Hace falta ser psicólogo para ejercer de coach?


De los análisis efectuados sobre el perfil del coach eficaz, se derivan algunos datos interesantes en relación a esta cuestión.


Al margen de que se haya establecido que aspectos como la edad (promedio de 49 años), experiencia (al menos 10 años en coaching o 24 en el mundo de los negocios) la familiaridad del coach con la cultura de la organización o el carácter externo del coach determinan el éxito del coaching ejecutivo.

Sin embargo, es la posesión o no de determinadas competencias técnicas y profesionales, lo que puede marcar la diferencia entre un buen coach y un mal coach.

Gajardo (2007), diferencia entre competencias instrumentales y sus competencias personales.

Dentro de las primeras, se encuentran las habilidades de comunicación y las de diagnóstico. La Habilidad del coach para desarrollar relaciones, y para llevar a cabo el proceso de coaching: capacidad de escucha, habilidad para preguntar y dar feedback adecuado, son aspectos clave para garantizar el éxito en una intervención de este tipo (Hill, 2010; Paige, 2002; Wasylyshyn, 2003).

Dentro de las segundas, se incluyen el entrenamiento en psicología y la maduración socio-emocional.

En la adquisición de estos dos tipos de competencias, sobre todo las segundas, que garantizan el éxito el coaching ejecutivo, los psicólogos llevan ventaja sobre profesionales procedentes de otras disciplinas académicas y profesionales. Su comprensión profunda de las ciencias psicológicas, de los procesos como motivación, aprendizaje y emociones o su habilidad y expertise en el uso de herramientas de evaluación, como recogen Kombaracharam et al., 2008, hace al psicólogo idóneo para el desempeño del rol de coach.

Y no son los únicos autores que lo dicen. Otros investigadores como Dawdy, (2004) Garman, Whiston y Zlatoper, (2000) o Wasylyshyn, (2003), han encontrado como factores percibidos de éxito de un coach, su entrenamiento (titulación incluso señalan) en psicología, el uso de métodos adlerianos de intervención y de métodos de evaluación como el MBTI o 360º. Formación en un master en negocios o ciencias sociales o un doctorado (Judge y Cowell,1997), completan la formación de base más relevante entre los coaches.

¿Es por tanto suficiente una formación de 120 horas para garantizar el conocimiento psicológico de base para entender los procesos psicológicos que interviene en cualquier proceso de coaching?.

¿Sirve una formación de fin de semana proporcionado por el licenciatario de un producto de evaluación determinado para garantizar la compresión y aplicación de una prueba de evaluación que servirá de punto de partida en un proceso de coaching?.

La respuesta a estas cuestiones no es facil. En ella tienen que hablar tanto el cliente, como la organización, como el coach y las organizaciones profesionales de referencia y como sabemos ponerse de acuerdo cuando interviene diferentes actores puede ser un proceso largo y no exento de debate. En este proceso, la evidencia proporcionada por los estudios sobre eficacia del coaching pueden aportar mucha luz, si se los quiere tener en cuenta.