Aunque
conocemos de sobra la importancia de la ejercer la capacidad de escucha para
ser un buen coach, no hay demasiados estudios que lo muestren de una manera
clara.
El trabajo
de Brandon Irwin, publicado en la Harvard Business Review (2013), es un ejemplo que prueba los beneficios del silencio.
En una tarea
que que medía la capacidad de esfuerzo físico en diferentes condiciones (solo,
o acompañado de un coach que bien hablaba o bien se mantenía en silencio), comprobó
que los que estaban acompañados durante la tarea consiguieron mejores resultados que los que estaban solos. Hasta aquí parece evidente.
Pero además analizo las diferencias entre los que estaban acompañados, comprobando, que aquellos que lo hicieron con un coach que estaba en silencio consiguieron un 33% de rendimiento más frente a los que estaban acompañados por un coach que en cambio, les aleccionaba a sacar lo mejor de ellos de una manera enérgica y directiva (“Vamos”, “puedes hacerlo”..), que consiguieron un 22% más solo que los que estaban solos.
Pero además analizo las diferencias entre los que estaban acompañados, comprobando, que aquellos que lo hicieron con un coach que estaba en silencio consiguieron un 33% de rendimiento más frente a los que estaban acompañados por un coach que en cambio, les aleccionaba a sacar lo mejor de ellos de una manera enérgica y directiva (“Vamos”, “puedes hacerlo”..), que consiguieron un 22% más solo que los que estaban solos.
Las
conclusiones del estudio no invalidan el aliento o el estímulo, sino que sugieren según su autor, que aquel debe ser más específico
y ajustado a las necesidades de la persona a la que se dirige para que consiga
mover a la acción.
Pero sin se te plantea una situación en la que no eres capaz de hacerlo de una manera creible, mejor mantén la boca cerrada!.
Pero sin se te plantea una situación en la que no eres capaz de hacerlo de una manera creible, mejor mantén la boca cerrada!.






